El tardocastrismo, además de gran productor de pobreza y desigualdad, es un viejo chantajista, que no duda en intentar manipular a los cubanos; cuando los necesita para sus frecuentes lavados de cara sin agua ni jabón.
Ante la creciente presión internacional, incluida Naciones Unidas, condenando la trata de batas blancas que La Habana practica con la complicidad de gobiernos extranjeros, que acaban de ser sancionados por Estados Unidos, negándole visas a los responsables directos y sus familiares; la casta verde oliva y enguayaberada ha cambiado de táctica y ha comenzado a intentar chantajear a médicos huidos de la explotación comunista.
¿En qué consiste el penúltimo truco? En comprar el silencio de los médicos y demás personal sanitario afectados por el arbitrario destierro de ocho años; autorizándoles visitas a sus familiares a cambio de que no denuncien las prácticas esclavistas a las que fueron sometidos durante años.
Algunos de los ex esclavos ya han picado y aceptado el chantaje, que incluye la condición de regar entre sus compañeros, que el régimen ha dejado en suspenso el destierro y está pensando en abolirlo; como la pena de muerte, digamos, está vigente en el Código Penal, pero no se aplica.
Pero la inmensa mayoría de médicos cubanos huidos de misiones gubernamentales han optado por el silencio y quienes han promovido denuncias en foros internacionales han encontrado mucha resistencia en ellos para brindar sus testimonios que sirvan para condenar la indecencia tardocastrista.
Muchos de los que callan, son los mismos que luego levantan sus voces en países de acogida por el retraso en la homologación de títulos; es decir, son demócratas en el resto del mundo y ante gobiernos extranjeros, pero no en Cuba ni ante su dictadura.
Que el castrismo es un viejo chantajista, ya se sabía; pero que parte de sus víctimas refuercen sus maniobras, clama al cielo. La sociedad cubana es una enferma terminal de castritis y simulación agudas; lástima que muchos aún sigan negándose a ser ciudadanos libres y prefieran seguir siendo rehenes de quienes los desprecian y usan para sus intereses oportunistas y de urgencia.
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