A perro flaco todos son pulgas y el castrismo, que siempre se vanaglorió de que su modelo social era una Arcadia feliz y balsa de tranquilidad, ha visto cómo bajan de revueltas las aguas con un aumento notable de la criminalidad y del tráfico de drogas.
Como es habitual, el régimen no da cifras, solo pronunciamientos doctrinarios y espacios informativos y dramatizados, donde intenta presentar ambos flagelos como fenómenos ajenos al alma cubana e importados de afuera por emigrados inescrupulosos; desconociendo el viejo principio de que una economía en crisis sistémica provoca violencia de todo tipo y desata lo peor de las peores personas.
Hasta la crisis económica de los años 90 del siglo pasado, la política de orden interior de la dictadura copiaba el modelo soviético, es decir, fortalecía el control de las fronteras marítimas y aéreas, bajo la tesis de que eliminado el mal en el borde, no habría problemas en el interior.
La cúpula castrista ha invertido dinero en la renovación de los equipos de aduanas, con la colaboración de la Unión Europea y mantiene acuerdos con Estados Unidos para prevenir y castigar el tráfico de drogas, pero no ha conseguido impedir la entrada de Fentanilo a Cuba, donde mezclado con zotal -un potente desinfectante usado en cuadras de equinos y vaquerías- se convierte en el temido y aparatoso “Químico”, que modifica violentamente la actitud de la mayoría de sus consumidores.
En paralelo al consumo de drogas, la delincuencia se ha desatado hasta niveles de alarma social, aunque la tiranía tampoco lo reconoce porque se guía por el viejo concepto castrista de encubrir la parte fea de la sociedad y atribuir al enemigo las dolencias sociales.
Con la expansión de las redes sociales y abundancia de teléfonos móviles en Cuba, ya la dictadura no consigue ocultar un hurto, un robo, un homicidio, un asesinato y el maltrato a una mujer; es decir, el tardocastrismo vive todos los males posibles y no consigue atajarlos porque junto a las denuncias ciudadanas de hechos delictivos, también aparece el pueblo persiguiendo y apreciando a ladrones y criminales.
De hecho, entre los cubanos circula un método para provocar que la policía acuda de inmediato al escenarios de delitos comunes, gritar o avisar a la policía que ha aparecido un cartel antigubernamental en un determinado lugar y, una vez allí, entregan al presunto delincuente a las fuerzas del desorden imperante.
La mayoría de los cubanos viven desamparados y como tenemos la población más longeva de América latina, pues cada día aumenta la cifra de ancianos que viven solos y en la pobreza. Los pobres no son víctimas de los nuevos sicarios de la delincuencia cubana, pero aquellos que viven solos y tienen recursos para sobremorir son el blanco favorito de los desaprensivos.
Una obligación del estado es la guarda y custodia de los ciudadanos y las dictaduras totalitarias suelen alardear de la gran paz social que se vive en los países donde gobierna; Cuba es la excepción que confirma la regla. No hay paz ni siquiera para los muertos, que también son víctimas de robos y hurtos; aprovechando el deterioro estructural y de seguridad en los cementerios.
La policía está mal formada, algunos de sus jefes y oficiales practican la corrupción, hasta el extremo que cuando el gobierno planifica una operación contra la delincuencia para luego retransmitirla por televisión y muros de Facebook del Ministerio del Interior, aparta a la policía y al DTI y lo hace con oficiales y efectivos de la Seguridad del Estado para evitar que haya filtraciones a cambio de dinero.
Un ex oficial de policía, ya jubilado, contó a Molinos que en su etapa, algunos de sus compañeros avisaban con antelación a delincuentes y macetas que le practicarían un registro, dándole tiempo a evacuar objetos de trabajo delictivo y botines de robo e irregularidades a sitios menos inseguros.
“Al final, algunos, que contrataban a buenos abogados, salían absueltos o con leves multas debido a que lo encontrado en su casa y/o negocio no alcanzaba la cuantía punible”, rememoró.
En definitiva, los cubanos están en manos de Dios porque la policía hace rato que dejó de protegerlos y parte de sus miembros participa del carnaval delictivo que conmueve a la sociedad de punta a cabo.
Algunos seguidores echarán de menos que no mencione el proceso contra altos oficiales del Minint y las Far por tráfico de drogas, en 1989, pero aquel crimen saturniano fue otra cosa, solo apuntar que los pioneros en el tráfico de drogas en Cuba fueron el partido comunista y la Marina de guerra; pero eso es harina de otro costal y no viene al caso.
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