En cualquier momento, la Reserva Federal de Estados Unidos organiza un homenaje al desgobierno cubano por su destacada labor en defensa del dólar que, de moneda del enemigo y causante de condenas desproporcionadas a cubanos; incluidos peloteros estelares pasó a ser el único valor refugio de macetas y esquilmados.
En Cuba, el principal empleador y vendedor es el estado comunista, que tiene más cara que espalda, pues paga salarios y pensiones en devaluados pesos y cobra en dólares artículos de primera necesidad y medicamentos.
El pregonado primer territorio libre en América tiene una dependencia crónica del dólar estadounidense; de ahí el lloriqueo constante de la casta verde oliva y enguayaberada por el vil metal, el billete verde, el deseado; que los ha mantenido a flote vía remesas de la solidaria emigración cubana.
Hasta los uniformes escolares de los pudientes y cubanos con FE (familia en el extranjero) son Made in Hialeah, donde alguien emprendedor puso en el mercado lo que demandan las familias cubanas para hijos y nietos.
Aquella fiebre del dólar que atacaba el fiscal militar del juicio a José Abrantes Fernández. ¡Mero paripé!. Ya es epidemia tolerada y, cada vez que la dictadura abre la boca para negar la dolarización de la economía, la moneda extranjera sube como la espuma y empobrece aún más a los cubanos con acceso vedado o mínimo a la divisa estadounidense y soportando una inflación de caballo.
Algo raro ocurre en la mandancia, cuando se comporta como esas personas maltratadas por sus parejas, que acaban siempre metiéndose en la cama con ellas porque no puede vivir sin golpizas. Hay amores que matan y odios que reviven, pero nunca Cuba fue más dependiente que ahora; tras quinquenios de experimentos consecutivos fallidos y baba sin quimbombó.
En la Cuba comunista, antimperialista e internacionalista no eres nadie si no andas con dólares en los bolsillos, si no tienes una tarjeta de débito o crédito con respaldo en divisas extranjeras que te permita vivir un poco menos mal que el resto porque de apagones, epidemias y de la represión no te salva ni el médico chino.
Cuando un país vive en la esquizofrenia de un doble discurso está condenado al fracaso, especialmente, cuando la tiranía vive en la simulación constante y obliga a muchos ciudadanos a fingir lo que no sientes y vivir con un salto en la boca del estómago por no saber a cómo estará el dólar la semana que viene o si podrá comprar un litro de leche para desayunar como un marajá.
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